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Baloncesto | El mítico pivot pasó por Madrid

Tachenko: "Si volviera a nacer sería futbolista"

El gigante ucraniano visitó Madrid y elogió a la Selección española

Tachenko: "Si volviera a nacer sería futbolista"
PAREJA ESTRELLA. Tachenko, junto a la venezolana Ivonne Reyes.

Pese a su 56 de pie, a su enorme huella, habíamos perdido el rastro a Vladimir Tachenko (20-9-1957, Ucrania). El fin de semana le vimos en Madrid -si Mahoma no va a la montaña...- y compartimos cata de vino. "¿Cuánto tiene que beber para que se le suba a la cabeza?". "Mucho", contesta en perfecto castellano este gigante cuya altura (2,20m) y mostacho excedieron a lo deportivo en los años 70 y 80.

"Eres un Tachenko" se decía en aquellos años en los que seguíamos siendo un país de bajitos. Muchos yogures después, España es campeona del mundo, "una justa campeona" como bien dice Vladimir: "Su Mundial fue perfecto. La Selección española tiene muchos jugadores buenos, además muy jóvenes, y fueron justos campeones del torneo de Japón. Y además es un equipo de futuro".

Recuperemos el rastro: Tachenko está a punto de cumplir 50 años, vive en las afueras de Moscú y trabaja en una empresa logística de transportes. Tiene un hijo baloncestista (Igor, que juega en el Dynamo Moscú) y sigue amando el deporte que le hizo grande. Un poquito más grande. "Lo último que he visto ha sido la Final Four de la Euroliga. El baloncesto me sigue gustando, aunque no forme parte activa de él. En los años 90 pensé en ser entrenador, pero era difícil, y ahora ya es tarde", comenta Vladimir, mejor jugador de Europa en 1979 y el muro contra el que chocaban los rivales.

A los 12 años medía 1,90, a los 15 llegaba a 2,12 y con 19 ya alcanzó los 2,20 desde los que dominó el mundo. Pero el baloncesto no era su pasión cuando era chaval. "Lo que más me gustaba era el fútbol. No me perdía un partido. Soñaba con ser futbolista, pero empecé a crecer y crecer y ya ve...".

Juguemos a inventar, a soñar en definitiva. Y le preguntamos: "¿Y si volviera a nacer, qué le gustaría ser?". "Pues si volviera a nacer y no midiera lo que mido me gustaría ser futbolista". Ése es su sueño, aunque no el único. Hay otro que no oculta: "Me gustaría que la política no volviera a interferir en el deporte. Fue una pena que la selección soviética -la mítica CCCP- no pudiera participar en ciertos campeonatos por motivos políticos. Todos pagamos por ello. Es algo que nunca he entendido".

Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 ejemplifican bien ese boicot. Entonces, la URSS contaba con la pareja de pívots más temida del planeta-basket: Tachenko (2,20) y Sabonis (2,20). Y de tercero, como propina, Alexander Belostenny (2,14). "Sabas fue un tremendo jugador y una gran persona. Siempre recordaré mis duelos con él. Y encima estaba Belostenny, mi hermano...", comenta Vladimir con evidente nostalgia.

Ming y Gasol.

También elogia a Dino Meneghin ("mi mejor rival en aquella época") e incluso a algunos de sus sucesores de hoy día: "Me gustan Shaquille O'Neal y Yao Ming". "¿Y Pau Gasol?", le apuntamos. "Es extraordinario. Me hubiera gustado jugar contra él, ¡cómo no!. Es muy habilidoso, con gran capacidad anotadora. Sobre él gira la Selección española". Y sobre Tachenko giró una noche de fiesta en la que le vimos convertido en sumiller. Su amigo Desiderio Sastre, director gerente de Viña Vilano (bodega que cumple 50 años), con quien brindamos en la foto que abre esta crónica, le convenció para que volviera a España, aunque sólo fuera por unos días. "España me quiere o yo quiero a España", dijo. Probó el vino, conoció a Ivonne Reyes -no sólo el Ribera del Duero era elegante, abocado y con cuerpo- y se despidió de todos a paso lento, con el cuerpo dolorido tras aquellas batallas en las que España era un país de bajitos y él un gigante al que era casi imposible quitar el balón. Un gigante y un caballero.