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Baloncesto | Las tablas de Daimiel

Dallas, ejemplo de libro de gestión NBA

Antoni Daimiel

Bomba programada.Juan Carlos Navarro ha recuperado la salud y la forma en la época del año en la que se pulen las copas y la afición discontinua atiende y aprecia los clásicos. Con casi toda la agresividad de la rivalidad futbolística sofocada, hay quien no ha tenido bastante y quiere ensañamiento o venganza bajo canasta contra el eterno rival. Los amantes de la comparación no tienen dudas: Navarro es Messi.

Llega mayo de verdad.Dicen los meteorólogos que en pocos días llegará el buen tiempo para quedarse. Coincidirá con las semifinales de conferencia de la NBA, que dibujan un panorama inmejorable. Miami tendría que encontrarse un enemigo serio en Indiana, mientras en el Oeste los cuatro supervivientes serán considerados aspirantes al anillo. El márketing se relame con que Kobe Bryant o Kevin Durant se crucen en la final contra LeBron James. Contra el bombo y contra el platillo luchan conceptos colectivos como los de Spurs y Grizzlies, refugio de puristas.

Sin ansia y sin estrés. El 3-0 de Oklahoma City contra Dallas destapa una evidencia instructiva de lo que es la gestión deportiva en la NBA. Una franquicia como Dallas que logra un título por primera vez en su historia opta inmediatamente, quizás con el champán en la mano, por un recorte de gastos que le permitirá volver a ser competitiva un año después. Pese al fracaso del experimento Odom, prescindir de Chandler, Barea, Stevenson y Butler garantizaba una temporada complicada. Ahora tienen disposición económica para ir construyendo otra oportunidad de anillo para Nowitzki. Si no es Dwight Howard o Deron Williams serán otros u otros (¿Nash?) los que llegarán que mejores les harán.