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El buen ojo de Himar

El director deportivo del Estudiantes recorre Europa y EE UU en busca de jóvenes promesas que trae a la ACB y que luego los equipos grandes se rifan. Entre ellos, Carroll.

Yaiza Acosta

Madrid

El buen ojo de Himar Ampliar
Himar Ojeda durante la presentación del Estudiantes en agosto de 2012. | Jesús Aguilera

Si escuchan el nombre de Himar Ojeda se preguntarán quién es. Un rápido análisis mental les aclarará que ni es famoso por sus triples, ni por poner tapones ni por hacer mates. Tampoco por dar órdenes desde el banquillo. Himar Ojeda es el lazo que une a dos equipos a priori sin nada en común: el Estudiantes y el Gran Canaria. Casualidad o no, este hombre es un talismán. Un chamán venido de las islas Canarias que analiza la realidad como si de un escáner se tratase. Hace un escrutinio profundo del mercado y encuentra perlas. Perlas que luego los clubes grandes consiguen a golpe de billetera.

El Gran Canaria lleva sin pisar la LEB desde 1995. Durante ese tiempo se ha salvado con holgura de los puestos de descenso, ha participado en competiciones internacionales y ha jugado la Copa del Rey varias veces. Cada año, la isla es un blanco fijo para los ojeadores de los clubes peninsulares y algún europeo, que ya se han llevado a Jaycee Carroll (Real Madrid), C.J. Wallace (Barcelona), Sitapha Savané (Joventut) y Michael Bramos (Panathinaikos), entre otros. Todos ellos jugadores que destacaron en el tiempo que pasaron en el club isleño. Aún así, el Gran Canaria conseguía recuperarse del inconveniente de perder a sus referentes y alcanzaba los objetivos al año siguiente con nuevos jugadores que volvían a destacar. Himar Ojeda era el encargado de ficharlos.

“Hago muchos viajes para conocer jugadores en directo. No es lo mismo que ver los partidos en vídeo. Voy a Estados Unidos unas tres veces al año, veo los torneos de verano, el año pasado hice una gira por las universidades americanas,…”, cuenta Ojeda, que también se sumerge en el baloncesto europeo y español. Para él es tan importante la actitud de un jugador en la cancha como fuera de ella. Es así como se quedó prendado de Jaycee Carroll, el francotirador del Real Madrid. “Lo vi en algún partido universitario y en ligas de verano en Estados Unidos. Allí lo ponían de base y no rendía del todo. (…) Me lo presentó su agente. Vi que hablaba español y me contó que había estado de misiones en Chile. El torneo era en Las Vegas, un lugar para salir de juerga. Pero él estaba con sus padres y su mujer. En lugar de salir hacía vida familiar. Eso te da confianza”.

Carroll estuvo dos años en el Gran Canaria, fue el máximo anotador de la ACB y fichó por el Madrid. Esa historia, la de convertir a jugadores casi desconocidos en estrellas que luego acaban en uno de los grandes, es cíclica para Ojeda. El canario se lo toma con humor: “A ellos les ha ido mejor que a mí (se ríe). Me siento bien porque todo el mundo sale ganando, hacían un gran año y eso iba bien para el equipo y ellos encontraban una gran oportunidad (…) Aunque me da pena que no continúen”.

Ojeda abandonó las islas, su casa, el pasado verano. El nuevo presidente del Gran Canaria le rescindió el contrato porque no comulgaba con su manera de ver el baloncesto. Por entonces, Ojeda era director general y deportivo. Un mes después, recibió la llamada del Estudiantes. “En el Gran Canaria intenté que los jugadores más jóvenes llegaran al primer equipo. Aquí echaban eso de menos en los últimos años. Estaban descontentos consigo mismos por perder la filosofía de formar jugadores y querían recuperarla”, cuenta el director deportivo. Esa desafección se dejaba sentir en la afición, que no se identificaba con el club. De la mano de Ojeda, la situación está cambiando. “Fomentamos tener el máximo de niños jugando a pesar de que eso suponga tener menos dinero para otras cosas. Tenemos unos mil. No todos van a salir jugadores, algunos serán aficionados”, comenta. Esa apuesta por la cantera se ha dejado sentir en el primer equipo. “Este año decidí que nuestra plantilla tuviera 10 jugadores sénior y dos que subieran del filial. Eso puede obligarte a tener una plantilla más corta, pero defiende nuestra filosofía”.

La temporada pasada, el Estudiantes acabó el curso en puestos de descenso. Por razones económicas, los clubes que se ganaron el ascenso en la LEB Oro no subieron, por lo que el club del Ramiro permaneció en la Liga Endesa. Los estudiantiles perdieron 23 partidos de 34 disputados. Este año, su suerte ha cambiado. A principios de temporada los de Vidaurreta llegaron a estar en los puestos de cabeza de la clasificación. Luego tuvieron un bajón, pero consiguieron un billete de última hora para la Copa del Rey. Su buena labor en la cancha coloca en el foco mediático a sus jugadores, sobre todo el recién incorporado Carl English, por el que el Barcelona ya ha preguntado. Casualmente o no, desde esta temporada es Himar Ojeda quien se encarga de los fichajes de los madrileños. “A English le traje a Gran Canaria por primera vez (2007) porque me dio buenas sensaciones (…). Estuvo dos años y ya sabía que era muy competitivo y profesional. La temporada pasada no tuvo mucha suerte, así que imaginé que querría resarcirse y le fiché para el Estudiantes”, cuenta Ojeda.

Aunque ahora es un director deportivo de éxito, Ojeda no tenía en sus planes dedicarse al baloncesto de las oficinas. Lo suyo era el parquet. Empezó entrenando niños en 1992 como hobby. En 1999 se hizo ayudante del técnico en el Gran Canaria y en 2007 le ofrecieron ser director deportivo. “No fue una decisión fácil, tenía enfocado ser entrenador. Pero no me arrepiento, aunque supone mucha dedicación”. Ahora, en Madrid, su objetivo es claro: “Que la afición deje de sufrir y disfrute”. De momento, va por buen camino.