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EL PERFIL

Kevin Durant: el buen hijo que sueña con conseguir un anillo

Criado por su madre en un barrio de Washington, le debe mucho a 'Big Chuck', asesinado cuando tenía 35 años. De ahí su dorsal. Esta es la historia de 'Darantula'.

Kevin Durant cumplirá 26 años el 25 de septiembre, pero sus logros en la NBA parecen de alguien más veterano. Criado en Maryland, un barrio suburbial de Washington D.C., las horas extras que tuvo que hacer su madre, funcionaria de correos, para que a él y a sus tres hermanos (Brianna, Anthony y Rayvonne) no les faltara de nada fueron una motivación constante en su carrera. Su padre les abandonó cuando Kevin acababa de cumplir un año y no volvió a su vida hasta que el alero de los Thunder soplaba 13 velas en su tarta de cumpleaños. En ese tiempo, Charles Craig, o Big Chuck como le llamaban todos, fue como un padre para él. Le conoció con ocho años y, además de ser su primer entrenador en la Amateur Athletic Union, le invitaba al cine y a partidos de baloncesto, le prestaba dinero cuando lo necesitaba y le acogía en su casa cuando su madre tenía que trabajar por la noche. Uno de los sueños de Durant fue que Big Chuck estuviera junto a él en el draft, pero no fue así. En 2005, dos años antes de que los Supersonics le eligieran en el puesto número dos, moría en un tiroteo cuando intentaba evitar una pelea entre dos jóvenes. Tenía 35 años, de ahí el 35 que ha lucido a la espalda Durant desde aquel momento. "Cada vez que salto a la cancha lo hago para ganar, para que, desde donde esté Craig, se sienta orgulloso de mí".

Durant creció acomplejado por su altura. Sus compañeros de clase se burlaban de él y su madre le pidió a los profesores que le sentaran en la última fila para que no molestara a los otros niños. Su abuela Barbara, en cambio, le consolaba: “Tu altura es una bendición. Sólo tienes que esperar”. Y no le hizo falta mucho. Cuando tenía 11 años y jugaba en los Jaguars, anotó 18 puntos en la segunda parte de la final del campeonato. Su satisfacción era tal, que en ese momento decidió que se dedicaría al baloncesto. “Voy a ser jugador”, le dijo a su madre tras ganar el título. Por aquel entonces se hizo amigo de Michael Beasley. Ambos iban juntos al colegio y sus madres estaban solas, por lo que no era de extrañar que Beasley fuera a desayunar a su casa.

Tras ganar dos títulos en el High School, dar el estirón (creció casi 18 centímetros en esos dos años) y ser incluido en el primer equipo nacional para USA Today, llegó la NCAA. Sus grandes años en la High School le procuraron un nombre. Todas las Universidades le tentaban. Su amigo Tyson Lawson intentó convencerle para que fuera a North Carolina con él, pero terminó en Austin, en los Texas Longhorns, porque uno de los técnicos ayudantes del equipo, Russell Springman, llevaba en contacto con él desde el High School. Su periplo universitario sólo duró un año. Promedió 25,8 puntos y 11 rebotes y se convirtió en el primer freshman (jugador de primer año), que consiguió el premio Oscar Robertson y el Adolph F. Rupp. Eso le hizo ganar enteros de cara al draft. El número uno se lo disputaba con Greg Oden, pero los Blazers eligieron al de Buffalo, y Durant terminó en Seattle. Mientras que Oden no pudo jugar en toda la temporada, Durantula fue elegido Rookie del año con 20,3 puntos y 4,4 rebotes. En su primer partido anotó 18 puntos y unas semanas después ya estaba decidiendo con una canasta sobre la bocina ante Atlanta. Había llegado una estrella.

Su leyenda siguió creciendo con el traslado de los Supersonics a Oklahoma City, la llegada de Westbrook a los Thunder y su primera temporada como máximo anotador de la fase regular. Fue el más joven en lograrlo. Tenía 21 años y 197 días cuando cerró la campaña con 30,1 puntos. Y antes de cumplir los 22, condujo a Estados Unidos al oro en el Mundial de Turquía con él como MVP del torneo.

A pesar de que ya ha sido cuatro veces máximo anotador de la NBA (la última esta temporada) y que es uno de los pocos que puede cuestionar el dominio de LeBron James en la Liga, aún no ha podido cumplir su gran sueño: el anillo, que estuvo tan cerca en 2012, cuando perdieron en las Finales ante los Heat. Algo que su novia Monica Wright (alero de las Minnesota Lynx) sí tiene y por partida doble. Cristiano, va a la capilla siempre que puede tras los partidos de los Thunder y luce tatuajes religiosos en la parte abdominal y la espalda. Pero Durant, que tras firmar con los Thunder también lo hizo con Nike (60 millones de dólares por siete temporadas), tiene su propio restaurante (KD’s Southern Cuisine) y una película infantil Thunderstruck. A pesar de todo eso es “como un chico de instituto”, dice su novia que confiesa que es muy bueno limpiando y adicto a los videojuegos y al Twitter. Además, es otro hermano para Serge Ibaka. Kevin y su madre Wanda se desvivieron por él cuando éste llegó a los Tunder. El congoleño era uno más en las cenas de los Durant e incluso su madre ha lucido en muchas ocasiones el 9 de ‘Air Congo’.